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Gestión emocional. ¿Qué te explica tu ira?

Gestión emocional. ¿Qué te explica tu ira?

La agresividad reactiva se nutre de la frustración.

La agresividad creativa viene de la fuerza natural.           

La gestión de la ira es uno de los temas más recurrentes en psicoterapia y gestión emocional. La agresividad es una fuerza que tiene muchos caminos: la persona decide hacia donde se dirige, para defenderse, para atacar o para crear.

Juanjo Albert, psiquiatra, neurólogo y maestro, hablaba de dos impulsos básicos en la persona: el tierno, que conecta con lo que necesitamos/queremos, y el agresivo, que nos mueve a la acción para conseguir lo que necesitamos/queremos. Es un impulso de consecución de cosas, y también creativo, que construye nuevos espacios, relaciones y obras.

Una necesidad no cubierta puede venir de un impulso agresivo que no pudo utilizarse para ello, por condicionamientos externos, sociales, familiares, o internos, como creencias o limitaciones inconscientes. La ira te explica lo que llevas tiempo sin escuchar de ti.

Este bloqueo, acumula el impulso agresivo hasta un punto en el que la irritabilidad de la persona hace que surja la agresividad de repente y se exprese de forma descontrolada, generalmente no para crear algo nuevo, sino para defenderse explosivamente de lo que percibe como una amenaza: el impulso es tan intenso que se hace difícil de gestionar y de utilizar para cubrir la necesidad, sino que toma otros cauces.

La vía de gestión de este impulso, si lleva mucho tiempo frustrado, necesita primero de lugares de expresión donde pueda descargarse la acumulación corporal de este impulso, de forma libre y espontánea: el deporte consciente de lo que descargamos, espacios en la naturaleza donde se fomenta la expresión libre o un lugar movimiento corporal no dirigido por la mente.

El segundo paso, una vez descargado el exceso de este impulso, debemos recobrar la conexión con el impulso tierno: lo que queremos o necesitamos, y salir a buscarlo de forma dirigida, en lugares donde lo que necesitamos puede ser cubierto, y conscientes de lo necesario del impulso que nos mueve a la acción para volver a la calma después de obtener lo que necesitamos.  

Seguiremos explorando en otro artículo la relación entre la ira y el miedo.

¿Qué es un mensaje de doble vínculo? El veneno emocional.

¿Qué es un mensaje de doble vínculo? El veneno emocional.

El doble vínculo oculta en un mensaje «positivo» una situación de contradicción interior que no tiene resolución.

Un mensaje de doble vínculo es el que une en una afirmación dos cosas ocultamente contradictorias con una recompensa mágica si cumplimos la receta.

En el caso de esta frase, sentir siempre en positivo se propone como la receta de la felicidad. Sin embargo, la emoción es espontánea y no se puede obligar. Si la obligamos, deja de orientarnos en lo que necesitamos y nos creamos un conflicto por obligarnos a lo que no es. Lo que sentimos es parte de una brújula interior de lo que nos sucede con una situación vital. Si la brújula la teñimos de rosa, la perdemos. Si consultamos su color, sea el que sea, seremos coherentes con nosotros y podremos aprender.

Solo si sentimos el vaso medio vacío, podremos comprender lo que necesitamos, acoger nuestros errores, planificarnos y hacer todo lo necesario para llenar el vaso de nuevo.

El estado de tranquilidad personal (llamémoslo felicidad) viene de ser coherente con lo que sea que nos ocurre: negar la parte “negativa” nos deja a oscuras de todo lo que hemos de aprender de ella, y lo que más nos esclaviza es lo que no conocemos de nosotros.

El peligro de afirmaciones como esta, tan bien perfiladas, tan “bien intencionadas” nos colocan en un lugar en el que, si no conseguimos siempre pensar en positivo, creemos que somos incapaces, o que algo estamos haciendo mal: no es así.

Pon atención a todos los mensajes que dejan fuera lo “feo” o “negativo” con la promesa de una vida completamente feliz: es feliz quien no olvida ninguna de sus partes y las escucha y recibe con afecto.

Sobre el niño interior (2). Parentificación: el hijo que hace de padre.

Sobre el niño interior (2). Parentificación: el hijo que hace de padre.

La “parentificación”, es la inversión de los valores, es decir la situación en la cual los hijos, incluso de cierta edad, se vuelven los padres de sus propios padres.

La «parentificación«, es una inversión, una mala concepción de los méritos y de las deudas. La deuda más importante es la de cada hijo frente a sus padres por el amor, el cariño, los cuidados, el cansancio y las atenciones que recibió desde su nacimiento hasta el momento en que se vuelve adulto. El modo de liberarse de sus deudas es transgeneracional, es decir que lo que hemos recibido de nuestros padres, lo devolvemos a nuestros hijos.

Pero la “parentificación”, es la inversión de los valores, es decir la situación en la cual los hijos, incluso de cierta edad, se vuelven los padres de sus propios padres.

Tomemos un ejemplo clásico, simple. Una familia modesta o rural, en la que la hija mayor tiene el papel de madre y en que la madre agotada por el cansancio, por los nacimientos excesivos de los niños, realmente enferma o supuestamente enferma, se hace curar, ayudar, y sostener por su hija, la cual nunca se casa.

Nunca “hace su vida” porque cuida de su madre mayor enferma, o de sus padres viejos y enfermos; es una distorsión malsana de las relaciones, de los méritos y de las deudas; es lo que se llama la parentificación.

Un hijo que debe volverse padre muy joven (incluso a los cinco años por ejemplo), apoyar a su madre, cuidar emocionalmente de sus padres y de su familia, está en desequilibrio relacional y creará un tipo de personalidad denominada «salvadora».

Sobre los «grandes caminos espirituales».

Sobre los «grandes caminos espirituales».

El camino de descubrimiento espiritual comienza solo en el pan diario.

Sin la conexión con el cuerpo, las formas grandilocuentes del camino espiritual son solo un despiste embriagado.

La mente adora fantasear y volar para gozar en ideas grandilocuentes, y se olvida que todo empieza en lo cotidiano del pan. En este vuelo placentero, se pierde la conexión con la materia y se abren ensoñaciones infinitas, como un timonel entusiasmado que pierde rumbo y lugar. El mapa para caminar al misterio, está en lo material.

Dice la hermosa canción ábrete corazón: “para llegar a Dios hay que aprender a ser humano”: la piel, el cuerpo, carne y hueso. Es allí donde podemos sustanciar el misterio, sentirlo en la piel, escucharlo en el viento, cantarlo con nuestra voz.

Es en lo que está a nuestro lado donde podemos encontrar el Gran para qué, y como decía Gurdjeff “salvar a Dios”. El Misterio es pequeño, frágil, vulnerable al vuelo orgulloso de la mente. Es nuestra tarea librarlo del rapto de ensoñaciones, ritos pomposos y grandilocuentes que imaginan sin saber, porque solo se sabe con el cuerpo. La mente prefiere ensimismarse: y en sí misma se emborracha de un embeleso vacío.

Aquí una canción sencilla para volver a “donde juegan las iguanas”.

Después de volar por alturas teñidas de estrellas

buscando reyes míticos en tronos de verdades

que moraban en el cielo, olvidadas de la tierra,

vuelvo al suelo, justo allí donde juegan las iguanas,

y no imaginan el sol,

sino que se calientan a su luz.

Sobre el niño interior (parte 1). El niño que creció como adulto.

Sobre el niño interior (parte 1). El niño que creció como adulto.

Lo sagrado de la niñez es poder ser simplemente niño.

M fue un niño muy responsable: cumplidor, educado y siempre pendiente de lo que debía hacer. Las líneas de la responsabilidad en la niñez sin embargo, deben estar bien marcadas por los padres: no más allá de lo que un niño puede llevar sin perder los espacios de juego, de espontaneidad, y de no saber aún qué es el mundo adulto: lo más sagrado en la niñez es ser niño.

Esas líneas no estaban claras para M y, buscando un amor que no sintió que llegara sin condiciones, comenzó a querer acompañar lugares emocionales sin resolver que no eran suyos: la constante tristeza de fondo de su madre, la inseguridad y ataques de ira de su padre. Y lo hacía teniendo siempre un espacio acogedor para ella y soportando en silencio cualquier agresividad de él, creyendo en lo inconsciente que ese debía ser “su lugar”. Ellos no sabían que esos lugares son responsabilidad de adultos, y sin saberlo los expresaban con M porque necesitaban ser validados por alguien que los recibiera sin juzgarlos ni devolverlos: alguien que no pudiera irse.

Sin embargo, la tristeza y la ira de ellos no dejaron espacio para que M descubriera toda su vida emocional desde el lugar de un niño, que no sabe aún sobre apenas nada, y que descubre, con la validación del adulto, las pequeñas y las grandes cosas que van creando su interior. Así es como M fue ejemplo de niño responsable, orgullo de sus padres, pero que no aprendió a escuchar sus emociones, porque el lugar asignado en el grupo familiar fue cuidar de forma implícita de las emociones de los demás.

Por eso a M, ahora que es adulto, le cuesta tanto conectar con su emoción, y más aún que se exprese de manera espontánea. Es un hombre responsable, de éxito y reconocimiento, pero con momentos de profunda melancolía porque su niño sigue aún cuidando en su psique lo que no fue suyo y en su casa interior sigue esperando poder pertenecer a su familia, siendo solo un niño.

Lo que no se ve es mucho más importante que lo que se ve en el desarrollo emocional infantil.

En el siguiente artículo analizaremos cual es el efecto sobre el desarrollo neurológico de este lugar en la infancia, y qué necesita el pequeño M, aunque ya sea adulto.

Coaching vocacional. Elegir carrera a los 17 años.

Coaching vocacional. Elegir carrera a los 17 años.

Una elección de estudios y carrera va de «dentro a fuera»:

de mi talento y lo que deseo hacer, a la oferta de estudios.

Sin embargo, la adolescencia es una fase muy influida por lo externo (lo que hay) más que por lo interno (lo que soy).

La elección de carrera para un adolescente es, en lo práctico, una decisión sobre su futuro profesional, y en lo personal, se convierte en un rito de paso inconsciente para el/la joven: la persona avanza a otra fase de su vida en la que las decisiones nacen de sí mism@ y por eso nace un nuevo espacio personal. Este paso, en lo práctico y lo personal es motivo de crecimiento y maduración si se hace de forma consciente y guiada.

La adolescencia es un trayecto de creación de identidad, por eso la búsqueda externa de referentes, grupos, tribus es tan importante: sin dejar totalmente lo que se ha sido, se busca a la vez la forma de desidentificarse de lo familiar para crear un lugar propio.

Este movimiento suele darse de fuera a dentro: es decir, el/la joven busca a su alrededor para ir tomando ideas, creencias y moldeando su identidad: de esta forma se mantiene la pertenencia a algún grupo. La necesidad de pertenencia está muy activa en esta edad, porque el movimiento de individuación hace que la sensación de pertenencia a la familia disminuya, y debe sustituirse por otro lugar.

Es menos habitual que la búsqueda sea interior, de dentro a fuera, para “presentarme” al mundo con lo que he descubierto de mí, porque el “mí” aún sigue formándose. Sin embargo, en la decisión de carrera el proceso debe ir de dentro a fuera. Para hacerse felizmente responsable de la elección, no se puede obviar el “mí”: el talento, los gustos, las habilidades, la vocación. La sobreoferta de estímulos hoy día, genera aún más que el/la joven se pierda en lo que se ofrece y no en lo que él/ella tiene para desarrollar.

Este momento vital es muy rico para ser guiado en este descubrimiento sobre sí mism@ y crear un método de decisión en varias fases que acompañará al joven toda la vida:

  1. Quién soy: cómo me defino, cómo me definen, lo que conozco y lo que no conozco de mi.
  2. Dónde estoy: cómo me he nutrido del entorno, qué he aprendido, que influencias visibles o no conscientes tengo hoy.
  3. Mis talentos: que hago bien de forma natural, cómo los juzgo y valoro.
  4. Mis opciones: cómo se concreta todo lo descubierto a nivel material y en opciones de carrera.
  5. La decisión: enlazar lo anterior con la oferta de carreras actuales. La decisión se desvela mucho más fácilmente.

Si uno/a de tus hijos/as se encuentra ante esta decisión y deseas más información sobre este método, ponte en contacto aquí.

Victor Hugo García
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