La agresividad reactiva se nutre de la frustración.
La agresividad creativa viene de la fuerza natural.
La gestión de la ira es uno de los temas más recurrentes en psicoterapia y gestión emocional. La agresividad es una fuerza que tiene muchos caminos: la persona decide hacia donde se dirige, para defenderse, para atacar o para crear.
Juanjo Albert, psiquiatra, neurólogo y maestro, hablaba de dos impulsos básicos en la persona: el tierno, que conecta con lo que necesitamos/queremos, y el agresivo, que nos mueve a la acción para conseguir lo que necesitamos/queremos. Es un impulso de consecución de cosas, y también creativo, que construye nuevos espacios, relaciones y obras.
Una necesidad no cubierta puede venir de un impulso agresivo que no pudo utilizarse para ello, por condicionamientos externos, sociales, familiares, o internos, como creencias o limitaciones inconscientes. La ira te explica lo que llevas tiempo sin escuchar de ti.
Este bloqueo, acumula el impulso agresivo hasta un punto en el que la irritabilidad de la persona hace que surja la agresividad de repente y se exprese de forma descontrolada, generalmente no para crear algo nuevo, sino para defenderse explosivamente de lo que percibe como una amenaza: el impulso es tan intenso que se hace difícil de gestionar y de utilizar para cubrir la necesidad, sino que toma otros cauces.
La vía de gestión de este impulso, si lleva mucho tiempo frustrado, necesita primero de lugares de expresión donde pueda descargarse la acumulación corporal de este impulso, de forma libre y espontánea: el deporte consciente de lo que descargamos, espacios en la naturaleza donde se fomenta la expresión libre o un lugar movimiento corporal no dirigido por la mente.
El segundo paso, una vez descargado el exceso de este impulso, debemos recobrar la conexión con el impulso tierno: lo que queremos o necesitamos, y salir a buscarlo de forma dirigida, en lugares donde lo que necesitamos puede ser cubierto, y conscientes de lo necesario del impulso que nos mueve a la acción para volver a la calma después de obtener lo que necesitamos.
Seguiremos explorando en otro artículo la relación entre la ira y el miedo.

