La “parentificación”, es la inversión de los valores, es decir la situación en la cual los hijos, incluso de cierta edad, se vuelven los padres de sus propios padres.
La «parentificación«, es una inversión, una mala concepción de los méritos y de las deudas. La deuda más importante es la de cada hijo frente a sus padres por el amor, el cariño, los cuidados, el cansancio y las atenciones que recibió desde su nacimiento hasta el momento en que se vuelve adulto. El modo de liberarse de sus deudas es transgeneracional, es decir que lo que hemos recibido de nuestros padres, lo devolvemos a nuestros hijos.
Pero la “parentificación”, es la inversión de los valores, es decir la situación en la cual los hijos, incluso de cierta edad, se vuelven los padres de sus propios padres.
Tomemos un ejemplo clásico, simple. Una familia modesta o rural, en la que la hija mayor tiene el papel de madre y en que la madre agotada por el cansancio, por los nacimientos excesivos de los niños, realmente enferma o supuestamente enferma, se hace curar, ayudar, y sostener por su hija, la cual nunca se casa.
Nunca “hace su vida” porque cuida de su madre mayor enferma, o de sus padres viejos y enfermos; es una distorsión malsana de las relaciones, de los méritos y de las deudas; es lo que se llama la parentificación.
Un hijo que debe volverse padre muy joven (incluso a los cinco años por ejemplo), apoyar a su madre, cuidar emocionalmente de sus padres y de su familia, está en desequilibrio relacional y creará un tipo de personalidad denominada «salvadora».

