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Neurología de un «entusiasta» y de un «artesano».

Neurología de un «entusiasta» y de un «artesano».

El entusiasta es límbico y el artesano cortical.

El entusiasta impulsa y el artesano ordena.

Seguimos con el análisis de estas dos personalidades, ahora neurológicamente.

Nuestro cerebro tiene diferentes zonas con funciones diferentes. Las dos que nos interesan ahora son el cerebro límbico (zona con función emocional) y el neocórtex (zona con función racional). Ambas están la mayoría del tiempo activadas simultáneamente, sin embargo, el entusiasta pone más atención a las señales del límbico y el artesano a las señales del neocórtex.

El entusiasta se identifica y se nutre especialmente con las sensaciones emocionales del cerebro, con la zona límbica que registra la emoción asociada con cada situación. Esta capa cerebral, se dan los procesos de relación emocional con los demás, y genera unas sensaciones intensas que buscan generalmente ser compartidas. Esta forma de relación no necesita ni siquiera de comunicación con el lenguaje: una mirada, una imagen, una sensación son suficientes para activarnos límbicamente, aunque compartir la experiencia sí que se lleva a cabo con el habla. La intensidad de este espacio es impulsiva, espontánea y por lo general de una duración más breve que los procesos del neocórtex.

El artesano, más identificado con los procesos que con los impulsos, vive identificado con los procesos del neocórtex: racionales, estructurados y de mayor claridad mental, y con menos tintes emocionales. El proceso racional se suele construir con un tren lógico de argumentos que se apoyan en el lenguaje, aunque sea simplemente en el pensamiento. Este proceso tiene un inicio y un final más claro que el impulso emocional. Es autosuficiente: no necesita necesariamente ser compartido para disfrutarlo, y también es más controlado que el impulso límbico.

Ambos contamos con las dos capacidades, necesarias y complementarias, sin embargo, la personalidad elige a qué proceso le presta más atención, y ese es el hogar de uno u otro perfil de personalidad.

El entusiasta impulsa y el artesano ordena.

En tus vínculos, ¿eres entusiasta o artesano?

En tus vínculos, ¿eres entusiasta o artesano?

El entusiasta inicia la relación proactivamente y el artesano está presente mientras se va iniciando por sí misma.

En tus vínculos, ¿eres entusiasta o artesano?

A la hora de vincularse un entusiasta transmite mucha energía, busca el contacto y la comunicación de forma proactiva y muy rápida, tiene una capacidad social destacada, porque disfruta del reflejo en la otra persona para poder reafirmarse y mantener el impulso en la relación. Son personas que rápidamente proyectan en el otro lo que creen que va a ser para ellos, a menudo relacionado con lo que ellos disfrutan o necesitan. Por eso pueden crear una imagen del otro que no siempre corresponde con la realidad, sino con su proyección.

La intensidad inicial del entusiasta puede también perderse con facilidad cuando no se cumplen sus expectativas y proyecciones sobre el otro, y buscará nuevas personas o lugares con los que volverse a ilusionar.

El artesano sin embargo es menos proactivo, no se abre al vínculo desde el primer momento, no se deja ver con tanta apertura y no escucha tanto la emoción que el otro le suscita, sino para vincularse se deja guiar más por las acciones de la otra persona, y no tanto por los grandes planes de futuro. Es una persona menos expansiva, más reservada y que cuida los detalles para construir el vínculo poco a poco, y que generalmente prefiere el contacto entre dos, antes que los espacios grupales en sociedad.

Si el artesano se vincula, lo hace de manera más estable, pero si en el proceso inicial de vincularse no tiene suficiente energía y confianza, puede que no se llegué ni siquiera a iniciar la relación.

El entusiasta crea la relación proactivamente y el artesano está presente mientras se va creando por sí misma.

¿Tienes más de entusiasta o de artesano?

COACHING PROFESIONAL. ¿Eres entusiasta o artesano?

COACHING PROFESIONAL. ¿Eres entusiasta o artesano?

El entusiasta inicia los proyectos con mucha fuerza, muy proyectado al futuro con un vínculo intenso aunque débil con la tarea.

El artesano se vincula en profundidad, desde el aprendizaje del proceso, la planificación firme y la seguridad de cada nuevo paso.

Te vinculas con tu trabajo igual que lo haces contigo.

¿Eres entusiasta o artesano?

Un entusiasta  conecta con una energía inicial de gran impulso para iniciar sus proyectos: siente el rush en el cuerpo, se proyecta rápidamente hacia el futuro y los logros que está convencido de alcanzar, y generalmente necesita compartir esta sensación.

El artesano inicia el camino más lentamente, más centrado en el proceso, planificando con detalle cómo va a suceder, depurando los errores y relacionándose con la tarea de forma más profunda y estable.

¿Cuánto tienes de cada uno?

El primero es un modelo de relación más rápido, menos vinculado, más dependiente del estímulo externo, de que desde fuera nos estimule tanto la propuesta que no sea necesario buscar dentro de uno un sentido más profundo de lo que vamos a hacer. El entusiasta es poderoso para iniciar proyectos, crear equipo, abrir camino, pero tiene poco recorrido: siempre busca un nuevo capítulo de la serie, un nuevo match, un nuevo enamoramiento.

El artesano crea el oficio: se vincula desde un lugar más constante, más proyectado al futuro, construye pieza a pieza, y no coloca la siguiente hasta que la anterior no está bien asentada. Esta forma de avanzar llega lejos, consolida firmemente el proyecto, no depende del estímulo sino que se motiva en sí misma, y crea un vínculo en profundidad con la tarea para dotarla de sentido.

Recuerda que así como nos relacionamos con nuestro trabajo, creamos una autoimagen y nos relacionamos con nosotros mismos.

¿Eres entusiasta o artesano?

Técnica rápida de gestión del estrés. Nombrar objetos a tu alrededor.

Técnica rápida de gestión del estrés. Nombrar objetos a tu alrededor.

Para solucionar un problema en una situación de estrés, primero necesitamos un mínimo de calma.

La calma nos da sensación de control.

El control activa la función cerebral que evalúa una situación y busca la mejor solución.

para, respira profundo, nombra un objeto a tu alrededor (en voz alta o interiormente), vuelve a respirar profundo, nombra otro objeto, y dedica solo dos minutos a esta práctica.

Para solucionar un problema en una situación de estrés, primero necesitamos un mínimo de calma. La calma nos da sensación de control. El control se activa en la parte cerebral que evalúa una situación y busca la mejor solución.

Nuestro cerebro está formado por tres capas de dentro a fuera, que corresponden a los niveles de evolución.

Primero el paleocerebro, encargado de las funciones más básicas y automáticas del organismo: lo que allí se gestiona está ya programado sin que tengas que ocuparte conscientemente de nada: comer, dormir, despertar, llorar, respirar, notar la temperatura, el hambre, el dolor (…)

Le sigue el cerebro límbico, una capa más externa en la que se registran las emociones y el vínculo con los demás.

El cortex cerebral, es la zona encargada de conceptualizar, evaluar lo que sucede, ordenar la situación y proponer la acción que más conviene.

Cuando estamos en niveles de estrés altos, el córtex no funciona a pleno rendimiento y es una parte necesaria para tomar una buena decisión, que tenga en cuenta todas las opciones, para elegir bien e integrar la experiencia (que no quede nada pendiente). Una forma inmediata de reactivar esta zona tan importante y regular la emoción al instante es nombrar los objetos que tenemos alrededor:

para, respira profundo, nombra un objeto a tu alrededor (en voz alta o interiormente), vuelve a respirar profundo, nombra otro objeto, y dedica solo dos minutos a esta práctica.

El área del lenguaje activa la corteza cerebral, nos devuelve al presente, va más allá de la emoción y nos da un momento de control y calma para que el cerebro límbico (la emoción) deje de ocupar toda nuestra atención.

Con todas nuestras capacidades de decisión disponibles, se equilibran razón y emoción, y podremos gestionar mejor las situaciones para pasar a la acción y resolver lo que sea necesario.

La importancia de hablarnos bien a nosotros mismos

La importancia de hablarnos bien a nosotros mismos

El parloteo mental es absolutamente espontáneo y no siempre podemos dirigirlo.

El modo en el que nos hablamos lo aprendimos en nuestra niñez y toma la forma y el estilo de las voces con las que crecimos en el hogar.

Con el tiempo es influida por otras personas, pero la base sigue siendo la misma.

¿Alguna vez te has descubierto en una conversación interior recriminándote, juzgándote negativamente, acusándote enérgicamente de haber hecho algo mal?


El parloteo mental es absolutamente espontáneo y no siempre podemos dirigirlo. El modo en el que nos hablamos lo aprendimos en nuestra niñez y toma la forma y el estilo de las voces con las que crecimos en el hogar. Con el tiempo es influida por otras personas, pero la base sigue siendo la misma.


Existe un proceso con el que podremos modelar la frecuencia e intensidad de ese parloteo, y lo que es más importante, el respeto con el que nos hablamos. El cerebro tiene la plasticidad suficiente como para poder entrenarlo, igual que hacemos con nuestro cuerpo y el ejercicio físico. Y del mismo modo, necesita un tiempo para dar los resultados que queremos.


Uno de los momentos de mayor plasticidad cerebral, en el que podemos redefinir nuestros hábitos de pensamiento y parloteo interior es cuando somos conscientes de nosotros mismos, cuando prestamos atención a nuestro interior, cuando prestamos atención a nuestro cuerpo.


Este momento es especialmente claro en la meditación: nos sentamos a observar las sensaciones de nuestra respiración, a los pocos segundos nos despistamos con un pensamiento, y al tiempo nos damos cuenta de que nos hemos despistado y volvemos a nosotros: en ese momento se coordinan dos estructuras cerebrales, la corteza cingulada, encargada de darse cuenta de lo que sucede, de devolvernos al presente, y la ínsula, cuya función es la consciencia de mi mismo. Al activarse al tiempo me doy cuenta de mi, en el ahora. Es muy habitual en ese momento reprocharse que uno se ha vuelto a despistar una vez más en su meditación con quejas: te has vuelto a despistar, soy incapaz de meditar, no voy a conseguir nada con esto… sin embargo, este es justo el momento en el que podemos comenzar a grabar el hábito de hablarnos con comprensión, como lo haría la persona que más compasiva fue contigo en la infancia: alguien en la familia, un amigo, un maestro…


Las frases que nos decimos internamente son literalmente escuchadas por nuestro cerebro como si realmente estuviesen siendo dichas por alguien. Hablarnos bien en ese momento: lo estás haciendo bien, es normal dejarse llevar por el pensamiento, lo conseguirás… refuerzan los caminos cerebrales que mejoran tu autoconcepto, mejoran tus recuerdos de vida y te predisponen a relaciones más amables y sanas. Aprovecha esta ventana de cambio, comienza sentándote solo 5 minutos.

Te dejo un breve ejercicio guiado para que pueda serte más fácil comenzar.

Victor Hugo García
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