El entusiasta inicia los proyectos con mucha fuerza, muy proyectado al futuro con un vínculo intenso aunque débil con la tarea.
El artesano se vincula en profundidad, desde el aprendizaje del proceso, la planificación firme y la seguridad de cada nuevo paso.
Te vinculas con tu trabajo igual que lo haces contigo.
¿Eres entusiasta o artesano?
Un entusiasta conecta con una energía inicial de gran impulso para iniciar sus proyectos: siente el rush en el cuerpo, se proyecta rápidamente hacia el futuro y los logros que está convencido de alcanzar, y generalmente necesita compartir esta sensación.
El artesano inicia el camino más lentamente, más centrado en el proceso, planificando con detalle cómo va a suceder, depurando los errores y relacionándose con la tarea de forma más profunda y estable.
¿Cuánto tienes de cada uno?
El primero es un modelo de relación más rápido, menos vinculado, más dependiente del estímulo externo, de que desde fuera nos estimule tanto la propuesta que no sea necesario buscar dentro de uno un sentido más profundo de lo que vamos a hacer. El entusiasta es poderoso para iniciar proyectos, crear equipo, abrir camino, pero tiene poco recorrido: siempre busca un nuevo capítulo de la serie, un nuevo match, un nuevo enamoramiento.
El artesano crea el oficio: se vincula desde un lugar más constante, más proyectado al futuro, construye pieza a pieza, y no coloca la siguiente hasta que la anterior no está bien asentada. Esta forma de avanzar llega lejos, consolida firmemente el proyecto, no depende del estímulo sino que se motiva en sí misma, y crea un vínculo en profundidad con la tarea para dotarla de sentido.
Recuerda que así como nos relacionamos con nuestro trabajo, creamos una autoimagen y nos relacionamos con nosotros mismos.
¿Eres entusiasta o artesano?

