El parloteo mental es absolutamente espontáneo y no siempre podemos dirigirlo.
El modo en el que nos hablamos lo aprendimos en nuestra niñez y toma la forma y el estilo de las voces con las que crecimos en el hogar.
Con el tiempo es influida por otras personas, pero la base sigue siendo la misma.
¿Alguna vez te has descubierto en una conversación interior recriminándote, juzgándote negativamente, acusándote enérgicamente de haber hecho algo mal?
El parloteo mental es absolutamente espontáneo y no siempre podemos dirigirlo. El modo en el que nos hablamos lo aprendimos en nuestra niñez y toma la forma y el estilo de las voces con las que crecimos en el hogar. Con el tiempo es influida por otras personas, pero la base sigue siendo la misma.
Existe un proceso con el que podremos modelar la frecuencia e intensidad de ese parloteo, y lo que es más importante, el respeto con el que nos hablamos. El cerebro tiene la plasticidad suficiente como para poder entrenarlo, igual que hacemos con nuestro cuerpo y el ejercicio físico. Y del mismo modo, necesita un tiempo para dar los resultados que queremos.
Uno de los momentos de mayor plasticidad cerebral, en el que podemos redefinir nuestros hábitos de pensamiento y parloteo interior es cuando somos conscientes de nosotros mismos, cuando prestamos atención a nuestro interior, cuando prestamos atención a nuestro cuerpo.
Este momento es especialmente claro en la meditación: nos sentamos a observar las sensaciones de nuestra respiración, a los pocos segundos nos despistamos con un pensamiento, y al tiempo nos damos cuenta de que nos hemos despistado y volvemos a nosotros: en ese momento se coordinan dos estructuras cerebrales, la corteza cingulada, encargada de darse cuenta de lo que sucede, de devolvernos al presente, y la ínsula, cuya función es la consciencia de mi mismo. Al activarse al tiempo me doy cuenta de mi, en el ahora. Es muy habitual en ese momento reprocharse que uno se ha vuelto a despistar una vez más en su meditación con quejas: te has vuelto a despistar, soy incapaz de meditar, no voy a conseguir nada con esto… sin embargo, este es justo el momento en el que podemos comenzar a grabar el hábito de hablarnos con comprensión, como lo haría la persona que más compasiva fue contigo en la infancia: alguien en la familia, un amigo, un maestro…
Las frases que nos decimos internamente son literalmente escuchadas por nuestro cerebro como si realmente estuviesen siendo dichas por alguien. Hablarnos bien en ese momento: lo estás haciendo bien, es normal dejarse llevar por el pensamiento, lo conseguirás… refuerzan los caminos cerebrales que mejoran tu autoconcepto, mejoran tus recuerdos de vida y te predisponen a relaciones más amables y sanas. Aprovecha esta ventana de cambio, comienza sentándote solo 5 minutos.
Te dejo un breve ejercicio guiado para que pueda serte más fácil comenzar.

