La empresa y la persona se fusionan en el emprendimiento. Eso provoca que tanto las capacidades como las limitaciones personales se trasladen al proyecto.
El desarrollo personal aplicado al emprendimiento tiene particularidades respecto al coaching tradicional. El emprendedor se enfrenta a cruzar umbrales personales y profesionales que se mezclan en la puesta en marcha de su proyecto. La empresa y su fundador son lo mismo, comparten características, talentos y limitaciones. En ese espacio es cuando lo personal y lo profesional se convierten en lo mismo y avanzan a la par.
El emprendedor se centra generalmente en su formación empresarial y de gestión, en el estudio del proyecto y su producto, en la prospección del sector y el mercado, y desde esa formación toma sus decisiones. Sin embargo, cuando empresa y persona son una sola cosa, el perfil de personalidad, las experiencias vitales y la forma de ver el mundo, son una tremenda influencia sobre el resultado del emprendimiento. La personalidad del emprendedor pone límites al proyecto.
Si se es empleado de una empresa, el efecto de lo personal queda amortiguado por el marco general: plan estratégico, políticas de la empresa, organigrama, principios de relación colectiva. Sin embargo, el emprendedor es en sí mismo todo eso: el plan, las políticas, el organigrama y los principios, y los encarna en su espacio interior profesional y personal, que se encuentran prácticamente fusionados.
El desarrollo personal en el emprendimiento es uno de los dos pilares del éxito del proyecto. El otro es la calidad del emprendimiento. El emprendedor precisa de claridad sobre su forma de estar en el mundo, cómo se autopercibe y cómo se presenta a los demás, cuáles son sus lugares de duda e incertidumbre, y cuáles son sus talentos naturales. Toda esta información no es técnica, sino personal. Viene forjada en la historia de la persona, en sus experiencias vitales, en el lugar que ocupó en la familia, en las necesidades que fueron cubiertas y las que no.
La historia personal configura los principios y los límites con los que la persona sale al mundo para influir en él. Esa influencia es básicamente el motor del emprendimiento, y está repleta de creencias personales sobre el entorno y la confianza en poder alcanzar un objetivo, en ser capaces de ocupar un espacio equilibrado y sin contradicciones, y también de tener la sensación profunda de tener derecho a recibir los éxitos del trabajo. Estos lugares de creencias son difusos y no se suelen hacer manifiestos de forma clara, sin embargo influyen constantemente sobre el devenir del proyecto, las decisiones y los resultados.
El trabajo personal aplicado al proyecto del emprendedor se basa en descubrir y ampliar esos lugares interiores: cómo se autopercibe en lo profundo, cuáles son sus creencias sobre sí y sobre el mundo, qué espacios aún sin cerrar siguen influyendo sus decisiones, cómo elige las personas con las que colabora y quién le acompaña realmente en el viaje de emprender.
Lo inmaterial y personal relacionado con la psique del emprendedor establece los límites de lo lejos que puede llegar un proyecto viable y exitoso.

