Conoce y habla con tus miedos en lugar de negarlos o juzgarlos como limitantes.
El miedo es el mensajero del límite. No mates al mensajero: conócelo
Cada emoción trae un mensaje sobre nosotros y nos pide una acción: con nosotros o con los demás. El miedo es una de las emociones básicas que sirve de señal de alerta ante situaciones que pueden ser potencialmente dañinas, tanto física como emocionalmente.
En procesos de terapia es una emoción muy negada porque se enjuicia como limitante y poco útil. Sin embargo, el miedo realmente limitante es el que no queremos escuchar: queda interrumpido el contacto con nosotros mismos, se interrumpe la información que trae esa emoción para poder hacer lo que deseamos de una forma más organizada o prudente, se interrumpe el aprendizaje sobre cuáles son nuestros límites.
El miedo habla de límites. Conocer el límite es bueno: ordena, da seguridad y realismo sobre las herramientas que tenemos para afrontar una situación. Esa conciencia es un buen punto de partida para ampliar el límite, desde la conciencia, no desde la negación de lo que sentimos, y que tantos discursos pseudopositivistas muy extendidos prometen cruzar, con una sola frase mágica que afirma que el límite es mental y depende solo de tu actitud.
Ciertamente hay límites mentales, pero no solo con actitud se traspasan. Necesitamos sentir las señales de alerta, comprenderlas, saber de dónde vienen, cuál es su función, y solo entonces estaremos bien armados y conscientes para cruzar el límite, o comprobar que simplemente se ha ampliado solo.

